Exposición Pax Natura en el CAC Málaga en La Coracha (Fotos: RHiMA y CAC)
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Los nidos de Aixa

Aixa Portero libra a los libros de los viejos conceptos que pesan. Su talante artístico es mostrarnos la naturaleza ancestral de su filiación, todas las metamorfosis que contienen y las que de su lectura se derivan. Esta es la hermosa poética, junto a la poiesis de Heidegger y de Platón,  que la creadora malagueña expresa en la exposición Pax Natura abierta hasta el 19 de septiembre en las salas del CACMálaga en La Coracha. Un universo de 248 piezas entre pintura, fotografía, dibujo, escultura e instalación del que emana una atmósfera feérica en su escenografía, definida por el equilibrio de blancos pausados en el tiempo, y en las piezas exquisitas, que introducen al espectador en las sutiles y extraordinarias connotaciones del libro y de la lectura. Sus esculturas e instalaciones serían un bosque mágico en cuyo interior celebrar una Feria del Libro. Ya lo pensé el año pasado cuando dirigí el proyecto de la de Málaga en un efímero espejismo roto por la pandemia. Qué hermoso hubiese sido llenarla con sus libros pájaros escapando de lo rutinario.

Sus esculturas e instalaciones serían un bosque mágico en cuyo interior celebrar una Feria del Libro, en la que serían pájaros”

Aixa Portero con inteligente y lúdica mano de Alicia del arte – invita su empresa plástica a cruzar al otro lado de la mirada convencional en el espejo de los significados- libera el mundo interior de las páginas prensadas –también de la naturaleza extrae sus simbolismos- y las sacude bocabajo para que sus letras se materialicen como puñados de arena de noche, conos de grafito de sueños, gramos de plomo transmutado en oro negro. ¿Es ese mismo polvo nigromante el que nos dejan dentro las aventuras y agitaciones del pensamiento que leemos?

Al espectador que contempla sus volúmenes suspendidos en ingrávido vuelo, igual que una jaula abierta de la que todos sus versos escapan y se convierten en versos de aire, seguro que le asalta el gesto de soplar los corpúsculos de tinta en grano para comprobar si el polvo de la escritura los conjura, los atrapa y vuelven a echar raíces dentro de las páginas. O si se produce otro encantamiento, y el libro se convierte en un árbol donde conviven el invierno de la escritura que se ramifica conforme avanza lo que cuenta, y la primavera que resulta del corazón de su historia. Es lo que tienen las obras de Aixa Portero, cada una contiene la crisálida y la floración de una metamorfosis.

Las obras de Aixa Portero contienen la crisálida y la floración de una metamorfosis”

En Pax Natura los objetos se transforman, adquieren nuevas identidades e ilustran una idea, una emoción, un sentido filosófico, onírico del mundo desde la indagación de la sensibilidad. Es la poética de esta artista que plantea hábitats de los sentidos y de los significados entre lo subterráneo y lo aéreo, lo delicado y lo matérico, lo antropológico y lo experimental. Sólo demanda su trabajo que la mirada del espectador las mediten durante la hiperestesia necesaria que exige que una mariposa anide en una pequeña caja de sueño acristalado y se convierta en un haiku. O a que las plumas de Guinea de Hiphipida se transformen en la caligrafía de la imaginación liberándose de libro, dejando en su lugar la hermosa huella cromática de lo que pesaba la ligereza de su vuelo hibernando en la página. Incluso que las raíces de un árbol subviertan su arraigo en el suelo y estallen como ramas que se elevan esféricas a la luz. Todas las piezas de la artista se disfrutan en lo estético y a la vez se reflexionan.

La poética de esta artista plantea hábitats de los sentidos y de los significados simbólicos entre lo subterráneo y lo aéreo, lo delicado y lo matérico, lo experimental y lo antropológico”

No sólo el libro es objeto de su sensibilidad artística y filosofía ética. Su talento y talante ante el mundo violento, material, desconectado de las raíces humanistas y de la Tierra de la que procede la vida, también indaga acerca de la esencia más profunda de la paz, “esa ‘physis’ entre cultura y naturaleza, aludiendo a la parte más intrínseca de la propia paz”. Es interesante y útil su propuesta de reencuentro con la savia de la naturaleza que todos albergamos. Uno de sus puntos de partida es que

todos somos raíces, y por tanto conectamos con las que ella crea y evoca en los poéticos dibujos de agua con los que manifiesta su conocimiento de la filosofía del árbol védico”

y que evidencia que de lo alto es de donde toman la vida, que abajo es donde se esfuerzan en hacerla penetrar. Que la Tierra es nuestro corazón y de ella nosotros deberíamos ser su mejor respiración exterior. Las alas a través desde la que se elevan las raíces del latido existencial y telúrico que nos sostiene.

Ha comisariado estupendamente Almudena Ríos el conjunto de estas piezas delicadas, sujetas a un lirismo conceptual y definido por el detalle y la expresividad simbólica que atraen la mirada del espectador a modo de atracción e interrogante frente a volúmenes serenos, bellos dibujos en su trazo y cromatismo, flotantes en la extresividad de su clima, intangible en la textura de la impresión que deja en el papel chino el lenguaje del peso sutil de la grafía de la tinta. Un gesto evanescente casi y a la vez la anatomía intuida de la huella. Igual que las que contiene una de las urnas de sus Poieseis en las que la artista pespunta el dolor de una pluma herida a la que sutura y le recita los versos de sus cicatrices: “despojar las palabras de significados”.

En la obra de Aixa Portero nada de lo que parece a simple vista es únicamente una pintura, una escultura, una instalación expresiva, sorprendente, enigmática, que nos reta la mirada y sin darnos cuenta nos cobija en la fuerza sugerente de su imagen, en su aparente y prestidigitadora inmovilidad acogedora. Sus piezas expresan en la sutileza de su estilo conceptual, a la vez que polisémico, la conciencia de un instante que vibra entre la gravitación de lo mágico y de lo vivo, de lo frágil y de lo difícil donde la sensibilidad puede hacer nido.

Sus piezas expresan la conciencia de un instante entre la gravitación de lo mágico y de lo vivo, de lo frágil y de lo difícil donde la sensibilidad puede hacer nido».

Pax Natura es mucho más que una exposición sobre la que hacer una narrativa y crítica basada en los discursos plásticos acerca de la vida, de la muerte, de la simbología de los uróboros y el ciclo eterno de las cosas, de los poemas visuales en torno a las raíces que se metamorfosean en maderas secas después de haber sido alas transparentes, o en esqueletos de alas que a su vez se transforman en un abanico casi invertebrado y de una feérica belleza. O sus ‘Claros del bosque’, de nuevo los haikus gráficos, los gestos del color entre la niebla, la transformación que todo lo conjuga en la fragilidad de lo que sugiere, en la intrínseca raíz filosófica, en la clara vocación de la artista que invita a la serenidad y al pensamiento constructivo y poético a los espectadores de sus propuestas artísticas. De cada uno de sus temas hay un libro que las contiene, lo mismo que a ella la iluminan como luciérnagas inspiradoras, y que la artista deja que cada cual encuentre.

Mucho ha tardado Málaga en mostrarnos la calidad de su obra expuesta en París, Ginebra, Los Ángeles, Minsk, Bruselas, Marbella. Nunca es tarde si la dicha es buena, aunque sigue pendiente que el CAC y otros espacios e instituciones no sobrecarguen todos los gastos en los artistas plásticos a cambio de visibilidad.

Me interesa y me gusta la obra de Aixa Portero por su empuje e independencia, porque hace de la naturaleza una sublimación estética del paisaje, porque le confiere expresión a todas sus resonancias culturales busca con ellas lo humano que en ella hay de nosotros, al mismo tiempo que la transforma en un hábitat donde nuestra sensibilidad puede acogerse, atraída por la estilización de lo enigmático, de ese punto de encuentro entre la fluidez y la ruptura de la que siempre surge la vida. Admirar sus obras, leerlas, escucharlas, (porque hablan), y mirarlas dejándose mirar por ellas es igual que una gozosa inmersión contemplativa en las aguas sosegadas de un estanque que nos desvela lo que se mueve bajo la apariencia de su belleza, y una inmovilidad que en cualquier momento nos echa a volar en sus alas.

¿Qué más poesía se le puede exigir al arte?

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