Neocaciquismo, economía y élites nostálgicas

“Si le das un pez a un hambriento le quitas el hambre ese día, pero si le enseñas a pescar, le quitas el hambre para siempre” (Proverbio chino).

Las autonomías se han convertido en las herederas más aplicadas del caciquismo generado al principio del siglo XX, gracias al turnismo instaurado por Cánovas y Sagasta tras la Restauración. Si entonces la España rural favorecía la corrupción política y el control local de los caciques, hoy, el ingente poder de los poderes autonómicos recrea, con su discrecionalidad jurídica y su opacidad, ese tiempo oscuro que actuó como una trinchera contra la modernización del país, el desarrollo y contra el talento (que fue entonces y lo es ahora), sustituido por un burdo clientelismo.

A la par que los gobiernos autonómicos ejercen el papel de Gran Hermano que todo lo controla, élites pseudo progresistas o pseudo conservadoras, atrincheradas en la intocable comodidad de un puesto vitalicio en las diversas administraciones públicas , o engrasadas por la benevolencia de los boletines oficiales , se erigen en portavoces únicos de una sociedad civil sin pulso, dedicándose a alimentar sus nostalgias ideológicas, estéticas o culturales, que han sustituido – como señalaba el pensador polaco Bauman – a los grandes ideales del siglo XX.

EL FRACASO ECONÓMICO ANDALUZ

En la historia reciente de Andalucía – además de la fecha patriótica del 28 de febrero – hay otras dos notables. La primera, el 1 de enero de 1.986, en la que España ratifica el Tratado de Adhesión a la actual Unión Europea. Para nuestra patria en general, y para Andalucía en particular, la entrada en el ‘club de los ricos’ ha traído a nuestras ocho provincias una lluvia de 120.000 millones de euros que han fertilizado nuestra agricultura, nuestras vías de comunicación, nuestra Sanidad, Educación, políticas de Igualdad y un largo etcétera que debe incluir el incremento desmesurado de la burocracia autonómica, insaciable estómago capaz de consumir una parte notable de los recursos públicos.

Ser la octava región más pobre de las 239 que componen Europa tenía sus ventajas: que alemanes, daneses, suecos, holandeses, finlandeses, franceses y otros pueblos europeos nos hayan ayudado y nos sigan ayudando durante los últimos 34 años. ¿Hemos aprovechado inteligentemente esa lluvia de euros?.

La respuesta la dejo a la inteligencia, la opinión y los datos del lector de esta excelente publicación. Sólo les recordaré que el pib per cápita andaluz fue en 2019 de 19.633 euros, el de Madrid 35.913, el de Cataluña 31.119, y la media española 26.430 euros.

Hay otra fecha que debería recordarse en Andalucía: el 27 de julio de 1990. Ese día, los ajustes de cuentas dentro de la familia socialista, desalojaron de la presidencia de la Junta a José Rodríguez de la Borbolla, profesor de Derecho, y político con una capacidad notable para diseñar una ruta andaluza hacia el desarrollo.

José Rodríguez de la Borbolla (Foto: RTVE)

Borbolla, humillado por Alfonso Guerra y abandonado incluso por su gente más cercana, dejó la política definitivamente. Quizá sabía que había llegado la hora de los mediocres. Y así fue: “presidente a palos”, Manuel Chaves se vio obligado a dejar el siempre agradecido ministerio en Madrid por el incómodo, inabarcable, poblado, desigual y empobrecido territorio andaluz: 87.268 km2, 6´9 millones de habitantes, 600.000 analfabetos y una renta por habitante de 5.793 euros en 1990.

Durante los 19 años de su Presidencia, Andalucía recibió de los diferentes Fondos europeos cerca de cien mil millones de euros. Aún la UE no albergaba a los antiguos países del Este de Europa, y las regiones más atrasadas de Irlanda, España, Portugal, Italia y Grecia vivieron sus años dorados y, posiblemente también, los de mayor corrupción. Los fondos FEDER, el Fondo Social Europeo, los Fondos de Cohesión, el Fondo de Solidaridad y las ayudas directas a la agricultura andaluza (35.000 millones desde 1986 ), deberían haber permitido a Andalucía hacer frente a las carencias más patentes: la falta de suelo industrial, la creación de una poderosa industria agroalimentaria que añadiera valor a nuestra producción agraria, la corrección del modelo turístico orientado al segmento de menos poder adquisitivo nacional y europeo, y un apoyo sin límites para combatir el abandono escolar temprano, que hizo verdaderos estragos entre nuestros jóvenes durante el boom de la construcción. Sólo cuando la inversión del Estado se volcaba en nuestra región, Andalucía crecía por encima de la media nacional. Pero nunca nuestra economía fue capaz, por sí misma, de alcanzar la media de renta española, y ni siquiera superar el poder adquisitivo que tenían los andaluces antes de la llegada de las generosas ayudas europeas.

CHAVES AGUDIZA EL CENTRALISMO Y OLVIDA LA ECONOMÍA

Gobernante desganado, Manuel Chaves fue quebrando el equilibrio político que se había respetado dentro del Partido Socialista en el que Málaga jugaba un papel fundamental al aportar la presidencia del Psoe andaluz con Pedro Aparicio, y la vicesecretaría con José Asenjo. Chaves delegó la acción política en el valido Gaspar Zarrías, inteligente, y hábil en su relación con los medios de comunicación, pero que basaba su poder en callar los desatinos del ceutí-sevillano. El Psoe de Jaén ocupó en los gobiernos de Chaves el poder que, por lógica política y económica, habría correspondido a Málaga.

Gaspar Zarrías junto a la jiennense Mar Moreno

A pesar de lo que se pueda creer, el mayor cargo que debe hacerse a Manuel Chaves no es el descontrol de los Fondos destinados al desempleo, que acabó costándole la presidencia tanto a él como a su sucesor, José Antonio Griñán. Ni Chaves ni Griñán pertenecen a la escuela del “tres per cent” de los Pujol en Cataluña. La mayor acusación que se debe hacer a Chaves, a Griñán y a Susana Díaz es que ninguno de ellos fue capaz de construir un modelo económico para Andalucía. Los consejeros más capaces de sus gobiernos, casi todos malagueños, fueron eclipsados tanto por Zarrías como por la consejera Gutiérrez del Castillo que alcanzó un poder omnímodo como protegida de Chaves.

Manuel Chaves, expresidente de la JUnta

Ordenación del Territorio se convirtió en la Consejería todopoderosa, que se sobrepuso en su descabellada política proteccionista a Economía, Industria y Turismo, promulgando leyes y decretos que convirtieron a Andalucía en un campo minado para cualquier inversor, ya fuera industrial, comercial o turístico. Nuestra región se convirtió en un territorio prohibido para los inversores extranjeros y así continuamos desde hace 22 años. Como muestra, el dato de la inversión extranjera productiva en España en 2019, que fue de 23.130 millones de euros. Mientras que Madrid fue el destino de 17.910 millones y Cataluña acogió 2.967, a Andalucía vinieron 770 millones; es decir, el 3´32 %. Esa cantidad supera la media de las dos últimas décadas que apenas alcanzó el 2´5 %.

LAS VACACIONES DEL PP ANDALUZ

Las democracias plenas tienen una gran ventaja sobre las dictaduras: los malos gobiernos pierden las elecciones. ¿Pero, y si los líderes de la oposición carecen de talento, de ambición o de ganas de trabajar? En este caso los malos gobernantes pueden dormir tranquilos. Gabino Puche, Javier Arenas, Teófila Martínez, Javier Arenas y JI Zoido parecieron aceptar como si fuera un determinismo histórico que Andalucía estaría gobernada eternamente por un gobierno socialista. Apoyado, cuando no alcanzaba la mayoría, por el PA o por Izquierda Unida. Los líderes populares miraban de reojo a Madrid, resignados a las victorias socialistas, mientras los medios conservadores tildaban de “régimen” al gobierno andaluz.

Teófila Martínez (Foto: Diario de Cádiz)

No puedo resistir la tentación de referir una anécdota personal cuando Teófila Martínez fue “empujada” a ser cabeza de cartel del PP a las elecciones andaluzas de marzo de 2000. Convocaron a los medios de comunicación en un hotel de Málaga dónde la candidata a la presidencia de la Junta “expondría el programa económico del PP para Andalucía”. Después de una intervención tópica de la alcaldesa de Cádiz, llegaron las preguntas. “Señora Martínez, podría enunciar las líneas maestras del programa económico de su partido para Andalucía, y cuáles serían las diferencias con el desarrollado por el presidente Chaves”, pregunté. “Yo quiero que Andalucía esté a la cabeza de las regiones europeas porque tenemos capacidad para lograrlo”. Esperé a que los compañeros de los medios hicieran sus variadas preguntas sobre la actualidad. Y antes de acabar, volví a preguntar: “ Señora Martínez, aunque le pregunté al principio sobre el programa económico de su partido, me va a permitir que le repita la pregunta”. Volví a preguntar exactamente lo mismo. La candidata, visiblemente molesta, me respondió:” Mire usted, a mí me gusta hablar poco y trabajar mucho”. Y se acabó la rueda de prensa, dejándonos a todos los periodistas con las ganas de conocer el programa económico de la candidata. Nunca he podido olvidar sus respuestas, quedándome con la sensación de que el PP andaluz jamás creyó en la posibilidad de gobernar Andalucía. Y si siempre va a gobernar el Psoe, ¿por qué se iban a preparar los candidatos, por qué deberían elaborar un programa económico serio y creíble, porqué debían trabajar como oposición responsable?

LAS ÉLITES NOSTÁLGICAS CONTRA EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

El atraso andaluz, – que en el albor democrático se atribuyó indistintamente a los terratenientes y a la política franquista de abandono de Andalucía y de apoyo a Cataluña, Madrid y País Vasco – se ha atribuido por dos de los economistas más prestigiosos andaluces, Francisco Ferraro y Joaquín Aurioles “al sistema político y al entramado institucional”. Para los dos profesores de Economía, el estrepitoso fracaso económico de Andalucía sería la consecuencia consentida de dos intereses: la de los gobiernos andaluces y los de las regiones a las que Andalucía podría hacer competencia: las regiones ricas españolas y Europa, que prefieren hacer transferencias que llegan a los andaluces en forma de subsidios, asegurando unos el clientelismo político, y los europeos evitar la emigración masiva de los andaluces.

Francisco Ferraro y Joaquín Aurioles

Como observador de la realidad andaluza y malagueña en mi condición de periodista y aficionado a la Economía, también he elaborado mis propias conclusiones. Y no citaré las estadísticas que están a disposición de quienes quieran cotejarlas, y que nos dicen que de las ocho provincias andaluzas, siete se sitúan entre las diez más pobres de España, ocupando Málaga el puesto 45 de 52, si se incluyen Ceuta y Melilla.

Y la conclusión más evidente es que, desde la llegada de Chaves, la política económica fue sustituida por la propaganda de la ANDALUCÍA IMPARABLE o la SEGUNDA MODERNIZACIÓN. A la vez que élites funcionariales y políticas opuestas a cualquier desarrollo económico fueron ocupando los puestos claves en la Consejería de Ordenación del Territorio, que determinaba el uso del espacio físico andaluz al que se atribuyó un destino esencial: la conservación del medio ambiente, ya fuera en la costa o en el interior.

Estas élites políticas conservacionistas, que tienen su prolongación en otras élites enquistadas en las Universidades, funcionan como grupos de presión todopoderosos que lo mismo paralizan un hotel en el puerto de Málaga, la ampliación de una refinería, el desarrollo de un campo de golf o la construcción de un centro comercial destinado a la diversificación de la oferta turística, o la apertura de nuevas pistas de esquí en Sierra Nevada.

La consecuencia de estas políticas ajenas a la racionalidad económica, alimentadas por la nostalgia de conservar Andalucía como un santuario medioambiental y folclórico, están a la vista : 34 años después del ingreso de España en la UE y de recibir transferencias por valor de 120.000 millones de euros, Andalucía sigue siendo la octava región más pobre entre las 239 que componen Europa. Y la provincia de Málaga la séptima provincia con la renta por habitante más baja de España.

Oficina de Empleo en Málaga

Que Málaga tenga 176.400 parados y que la población en edad de trabajar pero inactiva (620.200), se acerque a la que tiene trabajo (786.700), qué puede importarle a las élites nostálgicas, instaladas en sus nóminas aseguradas de por vida, sea en la Administración andaluza, en la Universidad o en las Ejecutivas, también casi vitalicias, de los partidos políticos.

Emilio Utrabo, periodista.

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